
En el siguiente vídeo, se puede ver como el asistente en el laboratorio de la EPFL Michele Tavella se mueve por la habitación a bordo de una silla, que va esquivando objetos que se encuentra por el camino. Los pensamientos de un concentrado Tavella activan unos patrones específicos del cerebro que son transferidos al ordenador mediante el casco de electrodos que lleva puesto.
Según explica el científico, a su cerebro le llevó unas pocas horas adaptarse a este sistema, tras un proceso de aprendizaje mutuo entre la máquina y el hombre. "Cuando voy a girar a la izquierda imagino que voy a mover mi mano izquierda", explica Tavella, quien añade que este sistema es "muy natural y muy rápido".
Dos cámaras situadas en los laterales de la silla, ayudan a la inteligencia artificial del dispositivo a visualizar los obstáculos y procesar las imágenes captadas para distinguir entre personas y mobiliario. Un sistema algo rudimentario, que esperan mejorar en versiones posteriores del mismo.







