
Siempre con máquinas, siempre buscando un recurso que convierta a su equipo en invencible. Optimiza al máximo los recursos tecnológicos, aunque a veces la astucia humana vale más que cualquier experimento de la ciencia -valga como ejemplo la desobediencia de Santi Freixa en la semifinal ante Australia-. Pero así trabaja él, enganchado al pinganillo y entregado al siglo XXI, en donde las computadoras lo son todo. Cuando España juega, a Hendriks le faltan ojos para seguir al detalle todos los sucesos del partido.
Un vistazo al campo, otro al ordenador, un mensaje que le llega de sus ayudantes, una nota en la libreta...
Son 70 minutos de estudio y de aplicación, en los que los espías juegan un papel determinante para encontrar la debilidad del oponente. Por pequeños detalles se llega al éxito. Un software de 30.000 euros
Con Hendriks en el banquillo, su experto equipo técnico se coloca estratégicamente en el estadio. Alfredo Rodríguez es el encargado de desarrollar el software y de grabar el transcurso del partido desde una torre que se encuentra detrás de una de las porterías. Las imágenes que captura se congelan en la pantalla simplemente con pulsar un botón y se envían al momento.
Todos han de recibir la información en tiempo y forma. Yo lo grabo todo, todas las jugadas. Cuando son de estrategia me encargo de enviarlas al instante al banquillo y a Toon Siepman, que está en el coach box.
Dani Martín es más autónomo. Recibe las mismas imágenes y sobre ellas realiza dibujos para mandárselos al instante a Hendriks, que tiene la visión del video puro y lo que le cuenta Dani, relata Alberto Rodríguez, ingeniero responsable de la empresa NAC Sport. Toon Siepman y Dani Martín son los técnicos de confianza de Maurits.
El primero se ubica en el coach box, más o menos a la altura del centro del campo, y tiene la obligación de asesorar en los penalti-córners. Dani está junto a Alberto en la torre. A través de una red wi fi, el equipo español tiene conectados seis ordenadores.
Es el único equipo de los que participan en China que ha contado con ese permiso. Los jugadores van recibiendo órdenes directas de Maurits continuamente. Cuando llega el descanso, en el vestuario, hay un proyector, con el que pueden visualizar lo acontecido durante el primer acto.
El sistema completo cuesta unos 30.000 euros y varios equipos de fútbol ya lo han contratado o están interesados en hacerlo. El arte del penalti-córner Siepman, especialista en el arte de los penalti- córners, destaca los beneficios de la alta tecnología, especialmente en su parcela: Hay dos cosas en el hockey: portero y penalti-córner.
En lo primero vamos muy bien, ahora falta mejorar en lo segundo. Efectivamente, y con la estadística en mano, España sólo ha transformado cinco penalti córners de 33, un escaso bagaje si se tiene en cuenta que, según el reglamento del hockey, es muy difícil marcar de jugada. Si tuviésemos mejor porcentaje no sufriríamos tanto.
Los penalti córners nos llegan. Con Australia sólo tuvimos uno en contra y dos en los cuatro primeros partidos. Ahí es donde empieza el trabajo, en eso soy muy exigente.
Hay que tenerlos a favor y no en contra, argumenta Hendriks, a quien casi le preocupa más evitarlos que tenerlos: Hay pocos equipos con una delantera como España, que puede marcar desde cualquier ángulo. Por eso les digo muchas veces que les dejen tirar antes de provocar penalti-córner, es menos peligroso. Todo bajo control A pie de campo, junto a Hendriks, se sitúa Pablo Negre, jefe del equipo.
Pablo está pendiente del programa Omega Wave, que analiza el estado general del jugador, la fatiga, la recuperación, los niveles energéticos, el tiempo que lleva jugando...
Estos datos se obtienen gracias a un sistema GPS. Todo, absolutamente todo, está bajo control. En el hockey, la diferencia entre ganar y perder es mínima, cuestión de pequeños detalles.
La clave está en prepararse bien porque, si el otro trabaja mejor que tú en este sentido, estás perdido, admite Hendriks, que tiene a Alemania estudiada al milímetro. .







