
A las 9.07 horas de la mañana —hora de Moscú— de aquel 12 de abril de 1961, cuando comenzó la ignición del combustible del cohete propulsor de la nave Vostok-1, Gagarin, en medio de un ensordecedor estruendo, gritó con voz temblorosa «¡poyéjali!» (¡vámonos!). Aquella exclamación se refería, no sólo a su propio viaje, el primero que realizaba un ser humano al espacio, sino a todos los que vinieron después. Era la señal de partida para la conquista del cosmos.
En los 50 años que han pasado desde entonces más de medio millar de astronautas de 30 países han podido contemplar la Tierra como lo hizo Gagarin. Su misión, si se la compara con las actuales estancias de seis meses en la Estación Espacial Internacional (ISS), no fue especialmente complicada. El vuelo duró sólo 108 minutos y dio una única vuelta a la Tierra.
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