
Según una investigación realizada en Reino Unido por la compañía proveedora de servicios de protección de identidad CPP Protección y Servicios de Asistencia, robar la identidad de una persona cuesta unos 288 euros. A través de Internet cualquiera puede adquirir una identidad falsa completa comprando un carné de conducir (46€), un carné de moto (23€), un permiso de trabajo para la Unión Europea (11€) o paquetes que incluyen extractos bancarios y facturas de agua, luz y gas (184€).
Estas sofisticadas falsificaciones permiten abrir cuentas bancarias, solicitar tarjetas de crédito, contratar líneas telefónicas o pedir préstamos en nombre de la víctima. Además, pueden adquirirse datos financieros actualizados de personas que desconocen que sus datos están disponibles para su compra en Internet. Actualmente, esta información se puede complementar con datos personales que pueden recogerse fácilmente de redes sociales como Facebook, de documentos públicos como el Registro Civil o el BOE, o a través de técnicas como el phishing y virus troyanos.
Tal y como recoge el estudio realizado por CPP España, el 57% de la población reconoce que ha revelado alguna vez información personal a desconocidos como nombre y apellidos (45,20%), la dirección postal (25,90%), fecha de nacimiento (23,40%) o el número de DNI (21,90%) e incluso datos bancarios confidenciales (6,50%).
Según Chema Alonso, consultor en seguridad informática y especialista en hacking ético, “existe un mercado negro de compra de datos personales que facilita el robo de identidad. El mercado negro de datos personales y los ciber-delitos se han convertido en una de las industrias más rentables del crimen organizado. Es crucial concienciar a la población sobre lo sencillo que resulta cometer este tipo de delitos y cuáles son las claves para protegernos y no ser víctimas.”
Entre las señales que indican tu identidad ha sido posiblemente robada, el experto en seguridad señala las siguientes:
- Cargos en la tarjeta de crédito que no se reconozcan.
- Cartas de bienvenida de empresas proveedoras de tarjetas de crédito, de préstamos con los que nunca se haya tenido contacto, de suministro de agua, luz, gas, etc.
- Reclamos de préstamos de un dinero que no se haya solicitado.
- Información en los extractos bancarios que no se reconozcan.
- Acusación de delitos que no has cometido.







