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Sudáfrica se hace inalámbrica para evitar la pesadilla de los robos de cables

Sudáfrica se hace inalámbrica para evitar la pesadilla de los robos de cables
Noticias EFE | 28/02/2008|09:47h
"Aunque en la provincia del Cabo no tenemos ni una sola mina de cobre, todos los años 'exportamos' unos diez millones de dólares de este material", dice a Efe el jefe de una comisión municipal creada en Ciudad del Cabo para solucionar el problema, Pieter van Dalen.

Sudáfrica se está haciendo inalámbrica a marchas forzadas debido a una ola de robo de cables de cobre que está azotando al país desde hace unos años, y la mayor parte del botín acaba en China.

Una tasa del desempleo cercana al 30 por ciento y una gran numero de adictos al Tik (metanfetamina) hacen que no falten voluntarios para efectuar los robos. Los cables se suelen pagar a unos 4 ó 5 euros por kilo, dependiendo del grosor.

Los ladrones venden los cables a una red de chatarrerías legales y clandestinas que a veces les pagan con drogas directamente. Se llevan desde las chatarrerías a un depósito central y de allí al puerto más cercano, para ser enviados a China.

Los robos se han incrementado con la subida del precio del cobre, fomentada, entre otras razones, por la insaciable demanda china, lo que hace que en Sudáfrica se considere al cobre como oro en paño.

La ola de robos está haciendo estragos en redes eléctricas, de transportes terrestres y de teléfonos fijos. Comunidades enteras se han quedado sin luz, trenes o semáforos, y varios negocios han tenido que cerrar al no poder disponer de teléfono, internet o fax.

"Recibíamos una media de 50 llamadas y 30 faxes al día", dice Mark da Costa, el dueño de una carpintería del barrio de Mitchells Plains. "Si tengo que cerrar el negocio mis 35 empleados se quedarán en la calle", agrega.

Sin embargo, son las empresas publicas dueñas de los cables las que han quedado peor paradas: además de los costes de reposición, los daños colaterales han sido demoledores.

"Una vez, un cable por el que el ladrón obtuvo 150 rands (15 euros) nos causó 1 millón de rands (100.000 euros) en reparaciones", explica van Dalen.

"Hay mucha gente que está ganando muchos millones en Ciudad del Cabo porque la economía china pide cobre a gritos y lo compra venga de donde venga", dice el jefe de iluminación publica de la ciudad más importante de Sudáfrica, Charles Kadalie.

Según Kadalie, muchos ladrones saben perfectamente lo que hacen y no corren peligro, pero otros pagan su ignorancia o sus prisas con tremendas quemaduras, o con la muerte.

Los más peligrosos son los cables de alta tensión, que al ser más gruesos se cotizan más, pero sus 6.000 voltios pueden hacer estragos.

Según Rens Bendeman, un miembro de los servicios de seguridad y asesor del comité contra el robo de cables, suele haber dos tipos de ladrones: los que roban para comer o para conseguir drogas, y los que trabajan directamente para el crimen organizado.

Los primeros suelen ser más chapuceros porque trabajan con prisas y con herramientas más toscas. Los segundos están adiestrados y planifican todo perfectamente y dejan menos desperfectos, pero también menos pistas a la policía, porque llegan a borrar sus huellas.

Bandeman explicó a Efe que a finales de los años noventa fue interceptado un barco con cables robados junto a otros artículos prohibidos que son tradicionalmente controlados por las mafias, como drogas, coches robados o cuernos de rinoceronte.

Enseguida descubrieron que los cables se exportaban a China: "Interceptamos envíos, contamos con testigos en China que nos lo confirmaron y encontramos registros de comercio marítimo que lo demuestran".

Al ser una ciudad grande y portuaria, Ciudad del Cabo ha sido la más afectada por los robos, pero también es la que más está haciendo para intentar solucionar el problema.

La alcaldesa de la ciudad, Helen Zille, dio prioridad al problema y organizó una reunión en la que participaron funcionarios municipales y regionales, policías, chatarreros, abogados, jueces, empresas estatales, servicios de Inteligencia, entre otros.

Gracias a la iniciativa de la ciudad, el Parlamento está a punto de aprobar una nueva ley (la "Ley de Bienes de Segunda Mano") que endurecerá las penas de los traficantes ilegales y prohibirá alterar el aspecto de estos bienes para evitar que los cables sean fundidos antes de ser exportados.

También se ha hecho una campaña para educar a las comunidades rurales y suburbanas a mantener los ojos abiertos frente a los ladrones, a los que ahora allí se les conoce como "serpientes del cobre", y ya ha habido varias palizas.

Bandeman explica que hay muchos países fuera de África que tienen el mismo problema y que le han invitado para pedirle asesoramiento. Dice que siempre viaja a donde haya que viajar para echar una mano o, mejor dicho, un cable.

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