
Esta cifra la apunta el psicólogo clínico Enrique Echeburúa, que pone el acento en las recetas preventivas en el ámbito familiar, donde aconseja "romper la brecha digital" entre padre e hijos y "compartir la gratificación virtual" y los beneficios de esas modernas herramientas.
Las nuevas tecnologías, también conocidas como TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) "están aquí para quedarse", recalcan Echeburúa y sus colegas Francisco Javier Labrador y Elisardo Becoña. Los catedráticos de Psicología Clínica de las Universidades del País Vasco, Complutense de Madrid y Santiago de Compostela han coordinado el libro 'Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes', que incluye aportaciones de 22 profesores, psiquiatras y especialistas y que actualiza y completa los contenidos del Simposio Internacional sobre el mismo tema organizado hace un año por la Fundación Gaudium.
SÍNTOMAS
La obra pretende servir de instrumento práctico para profesionales que trabajan en el novedoso ámbito de las adicciones sin sustancia, y también de guía básica para padres y educadores.
Por eso sus autores, que coinciden en el carácter positivo de las nuevas tecnologías, remarcan por boca de Becoña que "solo va a desarrollar problemas un porcentaje reducido" de chavales. Y Echeburúa aporta pistan los estudios, el sueño, el carácter -más irritable-- o las relaciones sociales.
Uno de los mayores peligros es "que se aísle, que se comunique por la Red pero no personalmente", añade el experto vasco. Pero hay otros. Tanto en el "acceso a contenidos inapropiados" relacionados con la anorexia, el suicidio, las carreras de coches prohibidas o el sexo, como en la "creación de identidades ficticias", como la de esos niños de 10 años que se suman cuatro y colocan fotos ajenas para poder participar en Tuenti.
En este caso, apunta Echeburúa, el problema no es tanto de chavales que esquivan así su timidez como de estar "camuflando la realidad" e inventándose una identidad en una etapa en que "están creando su personalidad".
PREVENCIÓN
Todo ello, añade, implica un serio riesgo de "mezclar lo íntimo, lo privado y lo público" y confundir y trastocar esos niveles, hasta poner en la red -como ya sucede en la telebasura- asuntos de "carácter privado", que es el canal adecuado "para transmitir sentimientos a personas de confianza". Y si eso "es un riesgo para los adultos, tanto más para los adolescentes", remacha. Por no hablar de otros riesgos, como el acoso o las nuevas formas de violencia machista a través de las herramientas tecnológicas.
Echeburúa recuerda algún caso de jóvenes que se vengan de sus ex novias colgando sus "fotos sexuales" en la Red, y el reciente I Foro Internacional sobre "Juventud y Violencia de Género" añadió otros ejemplos de chats amenazadores y usurpaciones de identidad para dañar la imagen de las chicas.
Pero ese escenario de mal uso y posible ciberadicción no es irreversible. Como recuerda en el libro Fernando Pérez del Río, de Proyecto Hombre de Burgos, "en general suele ser un problema más transitorio" -puede costar, por ejemplo, un curso suspendido en un año de fiebre videojugadora-, aunque "su tratamiento puede ser un proceso largo" porque exige "acompañar al joven en su proceso madurativo".
Y aquí está precisamente la clave de la prevención, que pasa, en palabras de Echeburúa, por "crear un ambiente de cariño, afecto y cohesión" en el ámbito familiar, donde "se hable, se vea la televisión juntos y no cada uno en su habitación"; donde "se limite el tiempo de Internet" para que no perjudique la vida cotidiana ni conduzca al aislamiento social, y donde "no se dé un móvil a niños muy pequeños".







