
Suficiente acción hubo cuando Android fue lanzado al mercado a través del móvil G1 fabricado por HTC. Todos esperábamos con ansias la reacción del mercado ante la nueva presencia de Google entre los teléfonos móviles, pero a decir verdad, su recepción fue más fría de la esperada.
Olvidemos por un momento el espantoso diseño del G1 (que se parece a un primo lejano de un tricorder), y concentrémonos en Android. Al principio, algunos consideraban la posibilidad de que Android fuera adaptado para funcionar en casi cualquier móvil existente, debido a los beneficios de su arquitectura abierta.
Sin embargo, recién en estos últimos tiempos hemos visto una aceptación más amplia de Android, comenzando por Motorola con su Droid (también conocido como Milestone en otras partes del globo), al utilizar la versión 2.0 del sistema operativo. Otros móviles han sabido recibir a Android en sus entrañas, pero los resultados fueron demasiado erráticos (hay menos de treinta dispositivos utilizando Android oficialmente hasta la fecha, incluyendo a aquellos que no son móviles).
En otras palabras, la idea de que Google hiciera su propio teléfono para su propio sistema operativo ya no tenía nada de descabellada. Después de todo, Apple hace exactamente eso, y sólo hay que mirar la situación actual del iPhone para comprender el éxito de esta estrategia.
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