
Y circula como una bala por las vías del sistema de comunicación inalámbrica Wifi. Tanto que son ya más de un centenar los locales públicos y privados que permiten el acceso a Internet sin cables en la capital alavesa. Así lo ' canta ' uno de los navegadores con GPS más avanzados del mercado que en su última actualización -y a falta de un registro oficial que recoja más datos- localiza más de cien zonas de conexión inalámbrica a la red en Vitoria. La mayoría de los puntos se hallan en bares como el 4 Azules, Plaza, Río o Juke Box; en casi todos los hoteles, en las estaciones de servicio y en centros docentes.
En muchos de estos lugares, la conexión es gratuita, aunque hay que disponer de una clave personal. Es el caso de los institutos Diocesanas, Jesús Obrero o la UPV. Y, desde septiembre del pasado año, también los clientes del centro comercial El Boulevard pueden utilizar sus portátiles en el interior del recinto.
La iniciativa municipal va por otros derroteros. A diferencia de ciudades como San Sebastián -donde existen ya 22 puntos de acceso Wifi al aire libre y se han alcanzado los 500.000 metros cuadrados de cobertura inalámbrica- la apuesta del Ayuntamiento de Vitoria por el desarrollo de sistemas de comunicación sin cables está siendo más bien tardía.
Y escasa. Estoy en Vitoria de vacaciones, pero necesito el ordenador por cuestiones de trabajo. El otro día fui a la Oficina de Turismo para preguntar por una zona Wifi y me remitieron a una cafetería, lamenta el parisino Guillaume Perraudeau, mientras responde un correo electrónico desde la barra del 4 Azules, en la calle Postas.
Poco extendido A finales del pasado año, el Consistorio puso en marcha este servicio sólo en tres edificios municipales: en sus dependencias de la plaza de España, en la Oficina de Información Joven y en el centro cívico El Pilar. El portátil es mi brazo derecho. Pero en Vitoria su uso no está muy extendido.
Me sorprende que en una sala de estudio como ésta (por la de El Pilar) sea yo la única con ordenador. En Madrid, sucede todo lo contrario, apunta Isis Iturrate, estudiante de quinto curso de Historia en la Universidad Complutense, mientras apura el cigarro de su descanso de media tarde. La escasez de edificios públicos con conexión Wifi podría explicar en parte esta falta de costumbre entre los ciudadanos.
También el hecho de que su uso en dependencias municipales no sea gratuito. No entiendo cómo te pueden cobrar cuatro euros por un día de conexión. Para eso, prefiero tomarme una caña en un bar y estar todo el tiempo que necesite, admite Perraudeau.
Y se atreve a comparar. En Madrid o en París -asegura-, esto no sucede. La zona de Callao es un hotspot (punto de cobertura Wifi) y te puedes conectar sin pagar.
Así es como se promueve realmente una red pública de conexión inalámbrica. El cobro de una tasa para que los ciudadanos puedan acceder a Internet sin cables desde los edificios municipales no tiene afán recaudatorio. Se trata de una exigencia de la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones, CMT, que impuso esta condición en 2003 al considerar que la proliferación de iniciativas de este tipo suponía competir con las operadoras.
En el caso concreto de Vitoria, el Consistorio ofrece la posibilidad de contratar el servicio de conexión inalámbrica a Internet mediante un bono. Tarifas públicas El pago se realiza a través del propio portal. La tarifa mínima para un uso de la red de redes durante un total de cuatro horas, con un periodo de caducidad de un mes, es de dos euros.
Y contratar una enganche para un periodo de tres meses asciende a 25. Unos precios que, por lo general, los usuarios de portátiles y agendas PDA no están dispuestos a asumir. Así lo admite Javi Masedo, un habitual de cafés Wifi, como el Juke Box.
Tengo Internet en el trabajo, así que en casa no me compensa contratar el servicio. Sin embargo, me gusta controlar mis inversiones en Bolsa con la PDA mientras me tomo una caña. En la cafetería Cube, la del museo Artium, dan fe de que, en efecto, cada vez son más los clientes que acuden casi a diario a tomar un café con su ordenador portátil bajo el brazo.
Nosotros tenemos Wifi desde que abrimos, hace casi tres años. Primero, porque lo necesitamos para nuestro trabajo diario y, después, porque damos un valor añadido al cliente, expone Pablo Grimaldi, su propietario. El tiempo le ha demostrado que su apuesta fue un acierto.
Siempre tenemos a dos o tres personas consultando su correo o mandando mails. Tecnología inalámbrica a pie de calle. .
