
La actividad en la Campus no disminuye a medida que pasa el día, sino más bien al contrario, ya que los "campuseros" demuestran cada noche que son "aves nocturnas" y se quedan hasta altas horas de la madrugada "estrujando" al máximo los 7,5 gibabytes de banda ancha disponibles.
De hecho, cánticos tan conocidos como "Alcohol, alcohol" -pese a que a nadie se le ve beber en todo el recinto, a excepción de alguna cerveza- también han sido escuchados estos días, de la misma forma que no hay año sin que uno de sus participantes más veteranos saque su trompeta y acompañe con ella los gritos de sus compañeros.
A medianoche, los dos pabellones de Feria Valencia en los que están instalados los 6.000 participantes con ordenador de esta edición están prácticamente llenos, circunstancia aprovechada por la organización para continuar programando actos y charlas.
La mayoría, sin embargo, sigue delante de sus pantallas, en donde muchos aprovechan para ver series de producción norteamericana, películas o capítulos de Manga.
Uno de los símbolos de esta edición ha sido Salvador Blasco, un joven de 31 años natural de Gandia y cuya estética -barba muy poblada y pelo largo- no le ha hecho pasar desapercibido pese a estar en una esquina, junto al lado del equipo de simulación.
"Todos somos 'frikis', cada uno a su manera", contesta a quienes otorgan este calificativo a los amantes de la informática.
"¿El fútbol no es de 'frikis' también?. Esto -por los videojuegos- puede llegar a ser un deporte en España, tal y como ya hacen en Alemania o EEUU", explica Salvador en referencia a la existencia en otros países de la figura del jugador profesional.
Amante de los vehículos antiguos, reconoce que los coches le "tiran" más que las computadoras, aunque pese a ello pasa tres horas diarias entre semana frente al ordenador, tiempo que se amplía desde la mañana hasta que anochece durante los fines de semana.
En esta ocasión ha acudido solo a la Campus, ya que "en casi todos los sitios a los que he ido me ha salido mejor así que cuando me acompañaba alguien", algo que sin embargo no parece importarle porque en anteriores ediciones hizo amigos con los que todavía mantiene el contacto por Internet.
"Campusero" desde el 2005, Santiago también es reconocido fácilmente por asistir a esta cita con dos pantallas de tubo -frente a la aplastante mayoría de las planas- en las que tiene de fondo su Peugeot 205 rojo y una torre adquirida en 1998, la cual ha ido actualizando progresivamente como aficionado al "modding" que es.
Sobre la evolución que ha ido experimentando la Campus Party a lo largo de estos años, él lo tiene claro: "Aquí la gente sigue viniendo a lo mismo: a jugar, descargarse material y ver a los amigos", muchos de ellos hechos previamente a través de la red.
Mientras la mayoría de "campuseros" registra a estas horas una actividad casi frenética, dos mellizos de diez meses duermen en su carrito. Son los hijos de Ana, una joven de 20 años que ha acudido a esta cita junto a su pareja desde Barcelona y que aprovecha el momento antes de volver al hotel para centrarse en la pantalla.
"La verdad es que duermen poco, aunque aquí los tenemos jugando", explica mientras señala un pequeño parque infantil vallado.
De madrugada, la paz y el silencio predominan en el recinto pese a la multitud, sólo interrumpidos por un grupo de jóvenes que aprovechan las últimas horas del día para, sentados frente a una pantalla de ordenador jugando al SingStar, cantar con sus micrófonos: "Por el amor de esa mujer...".
