
Una megápolis veterana (nació en el primer «GTA», aunque se desarrolló definitivamente en «Grand Theft Auto III») que se presenta más peligrosa y desbordada que nunca en las versiones en PS3 y PC de «Grand Theft Auto: Episodes from Liberty City», videojuego bifurcado (está compuesto por «The Lost and Damned» y «La balada de Gay Tony», dos títulos totalmente independientes aunque con curiosos crossovers) lanzado el pasado viernes 16 y que pueden ser la última y tal vez definitiva expedición a la gran obra maestra urbana creada por RockStar. Repasemos un decálogo de consejos de amigo para hacer más llevadera nuestra existencia a la sombra de la Estatua de la Felicidad.
1. Ármate hasta las muelas del juicio. Quien dispara primero, respira dos veces. Por si las moscas, hazte con un buen arsenal para lidiar con la eternamente mosqueada fauna urbana y esas emboscadas policiales tan molestas. Una buena 9 mm a mano nunca viene mal, aunque el mejor espantapájaros es una escopeta SPAS 12 y nuestra preferida, el subfusil SMG. Y para las muchedumbres ruidosas, granadas y lanzamisiles a tutiplén. Más vale prevenir que tener traje de pino. Lástima que el Ammu-Nation haya cerrado por vacaciones (menos en Chinatown).
2. Mantén el móvil siempre operativo. Una de las revoluciones internas de «GTA IV» fue la implantación del teléfono móvil como catalizador de misiones, menú de operaciones y, cómo no, trucos en la manga para disminuir la búsqueda policial o conseguir armas sofisticadas y chalecos antibalas sin límite. En «Lost and Damned» las trampas vienen de serie, aunque eso de ver a un motero aguerrido enganchado al móvil tiene su guasa.
3. Hazte un GTA (cuanto más loco sea el cacharro, mejor). ¿Para qué conformarse con un utilitario si se puede conseguir un cadillac, un bólido descapotable o, mejor, un annihilator surcando los cielos? Por no hablar de las chopper de la banda de los Lost (no menciones ninguna moto japonesa o te colgarán de los pulgares). Eso sí, arrancar una persecución a bordo de una limusina no dice mucho de tu coeficiente intelectual. Y si lo maqueas en el lavacoches o el Pay ?n? spray, de dulce.
4. Tómate un respiro y un cubata. La ciudad es un hervidero de vicio y entretenimiento fino. Si bien el club de la comedia de «GTA IV» está cerrado por vacaciones, los locales nocturnos de Gay Tony son lo más in de Liberty City (sobre todo el Hércules, el Bahama Mamas o el Maisonette 9). Incluso podremos ser los reyes de la pista y seducir a alguna odalisca con traje de lentejuelas. A falta de «hot coffee», bueno es un aquí te pillo aquí te mato en un reservado de terciopelo. Para los más conservadores siempre hay bolera, minigolf, campeonatos de pulsos o hasta lucha enjaulada.
5. Engánchate a la red, a la caja tonta y al transistor. El cocooning también tiene su hueco en la ciudad, sobre todo si vives en Dukes, donde sus habitantes «huelen a heces». La oferta internauta y bloguera es amplia, aunque en estos nuevos episodios el ligue virtual tenga menos recorrido. Eso sí, la telebasura es reluciente, con los nuevos episodios de «Rangers del espacio republicanos» y series divulgativas como la segunda parte de «Una historia de Liberty City». Y la gramola viajera sigue siendo un lujo para los oídos, con Djs como Juliette Lewis pinchando en Radio Broker o Karl Lagerfeld en K 109, y temazos de Deep Purple, Iron Maiden o AC/DC atronando en Liberty Rock Radio o LCHC Hardcore.
6. Sé discreto, la ciudad ya está muy llena de horteras. Si puedes vestir de negro, mejor que de rojo sangre joven, no lo dudes. Liberty City promueve el ascenso meteórico de palurdos y advenedizos con imán para cuervos y trapicheadores poco fiables. Procura no dar mucho la nota y ocultarte en las sombras. Y mejor un helicóptero militar que el pintado en oro macizo de Yusuf Amir. Además, el mando de la PS3 proporciona un manejo aéreo más afinado y menos cabreante.
7. Recuerda, los camellos nunca pasan sed. Liberty City aplica al narcotráfico la ley de la oferta y la demanda pura y dura. ¿Para qué andarse con demagogias y pescadillas que se muerden la cola? Así lo entendieron en «GTA Chinatown Wars» (cuyas versiones en iPhone e iPod Touch aún está caliente, tras pasar por DS y PSP), donde podríamos negociar con seis tipos de drogas (heroína, éxtasis, coca, hierba, ácido y sedantes) para mantener el tren de vida que requiere una urbe tan exigente. Claro que también puedes currar como taxista, transportista o bombero, pero como que no es lo mismo.
8. Relájate y disfruta, de las cloacas a las azoteas. El local motero de la banda de los Lost también nos proporciona diversión y compadreo pardo, bien sea jugando al billar o a las maquinitas arcade. Los dardos son para abuelitas. Aunque mucho mejor es el pasatiempo estelar del episodio de Gay Tony: lanzarnos en paracaídas desde los rascacielos más altos de Liberty City. Eso sí, cuidado con no aterrizar en la barbacoa de unos mafiosos rusos.
9. Piensa mal y acertarás. No encontrarás muchos samaritanos por las calles de Liberty City (ni curas ni mormones ni budistas, ya puestos). Así que, en este reino de cainitas y fariseos, lo mejor es sacar el colmillo a pasear y pisar antes de ser pisado. Si un «peseto» puede cobrarte tres veces más por la carrera, lo hará. Y si un motero puede hacerte una pirula y saltarse tres carriles sin señalizar, también. Y recuerda, la policía no es tonta, sino se cillamente corrupta.
10. Mantén limpia tu ciudad: aniquila ratas con alas y gaviotas. En última instancia, con Liberty City pasa como con un padre borracho: se le quiere a pesar de que te vomite y te zurre con la correa de cuero. Para explorar ese instinto también podremos limpiar las calles de animales mutantes como palomas y gaviotas. Y con premio, si liquidabas 200 ratas con alas en «GTA IV» y 50 pajarracos destripa-sardinas en «Episodes from Liberty City». ¿Quién dijo que la ciudad no es para ti?







