
El mayor cambio que estamos viviendo tiene que ver con la gran proliferación, adopción y uso de plataformas para el acceso a aplicaciones y contenidos de Internet a través de teléfonos inteligentes. Según algunos analistas, más del 50% de los accesos mundiales a Internet se harán a través de estos dispositivos en el año 2014, aunque creo que este hito se alcanzará antes.
La fragmentación y complejidad que provocan estas guerras entre plataformas es el mayor reto al que se enfrentan hoy en día los creadores de contenidos. Y tiene muy poco que ver con cuestiones tecnológicas y sí mucha relación con los criterios comerciales establecidos en torno al desarrollo de aplicaciones. Y todo ello condicionado por los intereses de aquellos que controlan el acceso a los usuarios y las oportunidades de monetizarlo.
Teniendo en mente la incertidumbre que genera la multiplicación de plataformas y formatos para el desarrollo de aplicaciones y para el acceso a contenidos, toda organización dedicada al mundo digital debería contar con estrategias definidas para su web para PCs, su web para dispositivos móviles y sus aplicaciones para los sistemas operativos dominantes en los teléfonos inteligentes, tanto iOS como Android.
La disyuntiva HTML5 o Flash genera incertidumbre respecto al futuro de la web para PCs. Hoy en día se deben adoptar ambos, tanto el nuevo HTML5 y como Flash, que sigue siendo el reproductor de contenidos enriquecidos más relevante en términos de distribución y funciones en el PC.
Hasta hace poco era habitual referirnos a sitios WAP o con un pobre HTML ligero accesible desde en una BlackBerry como la web móvil. Pero ahora hay que hablar ya de web táctil y de experiencias de uso optimizadas para smartphones y tabletas. Y HTML5 parece posicionarse como la única plataforma unificada para crear aplicaciones de contenido sobre estas plataformas.
Si un editor quiere sumarse a la corriente de marketing, distribución e ingresos de Apple, entonces tiene que participar en el ecosistema iTunes. Para ello necesita aplicaciones nativas que proporcionen valor, y explotar la publicidad dentro de las aplicaciones y el pago por aplicaciones y contenidos. Lo mismo sucede con el mundo Android.
Y el futuro no hará el panorama menos complicado, con la aparición de nuevas plataformas de aplicaciones nativas y la mayor proliferación de tamaños de los dispositivos (iPhone vs. iPad, televisiones conectadas vs. tabletas vs. PC). Y ello conllevará el cambio de las estrategias de monetización, para centrarlas en los dispositivos. Los usuarios ya pagan por aplicaciones de contenido para sus dispositivos móviles, y lo hacen de forma instantánea, personal y cómoda.
En ese futuro, los ?quebraderos de cabeza? no vendrán sólo de la mano de las plataformas para dispositivos móviles, sino también por las plataformas de televisión conectada, que se están configurando más como plataformas de aplicaciones que como plataformas televisivas.
Las televisiones conectadas son una nueva vía de acceso contextual a la información, las comunicaciones y la interacción entre usuarios. Con cientos de millones de consumidores equipados con ordenadores inteligentes en sus manos (con capacidad de navegar e introducir datos) es inevitable que quieran trasladar esa experiencia a pantallas más grandes y cómodas.
Sí, esta revolución tendrá que ver con consumir programación lineal como se ha hecho hasta ahora, pero también tendrá que ver con interactuar en Facebook, realizar videoconferencias, jugar online o realizar compras. Y por ello, con Google TV, las guerras de desarrollo de aplicaciones para dispositivos con conexión han llegado al salón, donde los intereses no son el futuro de la televisión sino el futuro de las aplicaciones de Internet, las comunicaciones y el comercio electrónico.
En las televisiones conectadas se reproducirán las mismas guerras que en los dispositivos móviles: HTML5 contra Flash, aplicaciones nativas contra Web TV, Apple contra Google contra fabricantes de consolas y televisiones. Procure no convertirse en un daño colateral de todo esto.







